O’Couso, un lugar para soñar

Enclavado en el Valle del Rio Oribio, en la provincia de Samos, se encuentra una pequeña aldea camino a la utopía. Rodeado de robles, hayas y fresnos. Todo lo que alcanza la vista está cubierto por una manta verde vida. Una gran casa centenaria, datada del siglo VI , preside la entrada, un enorme patio gallego formado por pasto y naturaleza, conforma el resto de la estancia.

O’ Couso es un lugar maravilloso.

Supongo que los lugares que vistamos nos marcan en función de la capacidad de aprendizaje, apertura y vulnerabilidad que tenemos en ese instante. Porque, a pesar de que nos empeñemos en marcar o construir una coraza que delimite los extremos que nos conforman; la vulnerabilidad forma parte de nuestros movimientos. Y es ésta la que nos marca el camino que siguen nuestras experiencias. Es el nivel de susceptibilidad el que permite que las experiencias se marquen en mi piel, o pasen desapercibidas. Y lo llamo vulnerabilidad porque adoro esa palabra; no se trata de ser susceptible al dolor o al daño de cualquier tipo; en mi diccionario la vulnerabilidad es aquella capacidad de abrirnos y dejarnos vivir y experimentar, desde nuestra vida, y a pesar del dolor y el daño al que todas estamos expuestas.

Vulnerabilidad al amor. Vulnerabilidad a las sensaciones. Vulnerabilidad, al fin y al cabo, a sentir aquello que nos rodea; y aquello que nos influye.

Llegué a O’Couso en el momento adecuado.

Antes de nada, explicaré que O’Couso es una aldea, comunidad, o quizá sería más idóneo llamarlo espacio creativo. O`Couso es muchas cosas escondidas en un sitio pequeño. Es una casa histórica, es una aldea comunitaria, es un espacio creativo, es un lugar de retiro, es un lugar de oración, de descanso, de paz. Es, ante todo, un lugar de trabajo externo, e interno. O’Couso es un proyecto comunitario, ecológico, vegano, animalista. Un proyecto que pretende crear la utopía, un espacio de retiro y reflexión, de trabajo y de construcción colectiva, en un entorno natural, en consonancia con el medio y basado en el respeto y el coworking.

Nos juntamos personas muy diversas aquellos días en la aldea. Múltiples historias que se entrecruzaban cambiantes entre las paredes centenarias. Miles de historias, de vidas, de sueños, que se intercambiaban nerviosos en un mar de paz y sintonía. Recuerdo escuchar historias, palabras y fábulas. Recuerdo escuchar atenta cada problema, cada solución, cada añoranza, y cada duelo. Ella se trasladaba a vivir a un lugar lejano; abandonaba su tierra; experimentaba con nostalgia cada detalle, cada instante . Él estaba a punto de sacar su propio libro; su sonrisa le delataba, sus consejos, sus palabras, sanaban. Ella, cansada de la ciudad, necesitaba descanso. Él, había dado un giro de ciento ochenta grados a su vida. Ambos habían cumplido su sueño. A él le gustaba sentirse útil hablando de lo que quizá era su vida: la construcción. Porque allí, en O’Couso, se están construyendo casas de madera. Y ella tenía una sonrisa preciosa. Él había dejado su trabajo, esa vida que no le llenaba, para convertirse en el guardián. Ellos venían desde lejos a visitarle.

Con una atención delicada, desgranando cada emoción, cada historia, cada palabra, viviendo el momento. Disfruté de la sensación de zambullirme en momentos y vidas que no eran la mía; en sensaciones que posiblemente pudiera experimentar en otros momentos. En mi futuro, o en mi pasado. En mi nunca, o en su ahora. En su presente. Tan diferente al mío.

Y, por supuesto, escucharon mi historia. Me colmaron de palabras que sanaban, de consejos que rescataban recuerdos, emociones, sensaciones. De abrazos curativos. Quizá fue aquel el primer paso camino a estar donde estoy ahora.

En O’Couso se sigue una filosofía. Se sigue un horario, unas normas. Siempre desde el respeto, desde la libertad individual y el sentimiento. Se agradece antes de cada comida, su presencia. Se respeta animales y entorno. No se come animales. Se reparten las tareas varias. Se medita. Se comparte. Se aporta lo que puedas. Se toma lo que necesites.

Mi experiencia en este páramo natural, cultural y cooperativo fue emocionante, motivadora, y sanadora. Me sentí crecer de paz, de bienestar. De alegría. A pesar de todas las personas bonitas que me encontré, de todo lo que hacía que aquel momento fuera especial; estoy segura de que, cada visita a O’Couso, es mágica y maravillosa.

Un lugar mágico, que sin duda merece la vida visitar.

En  https://proyectocouso.org  se puede encontrar toda la información acerca del proyecto, sus objetivos, su desarrollo, su emplazamiento, y la manera de participar.

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Atardecer en O’Couso

2 comentarios en “O’Couso, un lugar para soñar

  1. Ago mío cada ápice de este bonito y sentido escrito, yo en tan solo una semana compartida en O Couso, os aseguro que no ay día que no recuerde cada momento vivido cada segundo compartido, añoro cada una de las personas con las que pude compartir esos días, me lleve tanto y deje tampoco, que me siento en deuda con cada instante vivido, tengo que volver y espero ansiosa el momento de hacerlo, un abrazo y un millón de besos para cada uno de los que forman y an hecho posible que este sueño sea ya una realidad. 👭👬👪❤🌞🍀🍁🌙💧🌰🌲🍅🐜🐇🐑🐥🐶🐁todo esto y mucho más forma parte de O Couso.

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