Para mí, la bicicleta es libertad

Como comenté en el anterior post; estoy realizando un estudio para analizar, desde un punto de vista histórico, social y político, el uso de la bicicleta. Lo de político quizá suene raro porque se trata de una “simple bicicleta”; pero el caso es que no se me ocurre modo de transporte más político: ecológico, independiente, de auto-propulsión, de libertad. Analizado, por supuesto, desde una perspectiva de género; que permita repasar la relación entre el movimiento de emancipación femenina y la bicicleta a lo largo de la historia; desde las primeras sufragistas, al actual equipo de ciclismo de mujeres afganas. Proyecto para el que, por cierto, podéis ayudarme aquí.

El caso es que necesito recopilar datos, relatos, documentos y, por supuesto, imágenes. Imágenes de la primeras sufragistas que montaron en bicicleta, imágenes de mujeres como  Marie Curie en su biciclo, imágenes de todo tipo, de toda época, de todo motivo.

Mis primeras búsquedas fueron, por lógica racional, “mujer bicicleta”, “bicicleta y mujer””chica bicicleta”. Y, para mi asombro, de todo lo que podría aparecer con esas palabras, lo que menos cabía imaginarme era que una retahíla de fotografías de mujeres semidesnudas montando en bicicletas, iba a aparecer ante mis ojos. Mujeres en bikini, mujeres en vestidos ajustados, escotes vertiginosos, posturas insinuantes, (introduzca aquí su deseo machirulo más reciente), y un largo etcétera.  Imágenes extravagantes, aparentemente con poco sentido (para las que sí montamos en bici), el colmo: dos chicas, en tacones y bikini, lavando una bicicleta. El sueño de cualquier mujer adulta, sin lugar a dudas. Se vende a la mujer cual si fuera un objeto pasivo complemento de la bicicleta, como si ésta la complementase a ella en producto y forma; dos productos a la par. Lejos de concebir la bicicleta, con toda su historia y trasfondo social (pasado y reciente), como un vehículo liberador; se muestra ésta como un capricho femenino, un complemento para estar más buenas, o, simplemente, un reclamo de deseo masculino. No hablemos ya, de si encima quitamos la palabra “bicicleta” (huye! huye!!).

Que nos encontramos ante este panorama social no es nuevo, que el cuerpo de las mujeres se utiliza como reclamo sexual en anuncios e imágenes que rozan lo absurdo, tampoco. En realidad, es algo que hemos asumido tan a fondo, que a veces intentamos imitar. Aunque la verdad que nunca he probado a ir en tanga en bicicleta.

Pero la cosa cambia si en la búsqueda introduzco la palabra “feminismo”. Entonces las imágenes se transforman en mujeres de carne y hueso montando en bicicleta, imágenes de grupos o colectivos de mujeres ciclistas, carteles de propaganda a favor del uso de la bici, sufragistas montando en bicicleta… Y me resulta curioso porque existe una nube etérea que ronda sobre la cabeza de cualquier feminista, que se descarga sobre ella en cualquier momento de debate o discusión, y que reza “flaco favor le hacéis a las mujeres”. (Aplausos). Pero es cierto que, a día de hoy, se sigue utilizando como punta de alfiler que clavar en el ojo. En fin.

Personalmente, me resulta gratificante saber que una palabra basta para que la búsqueda sea otra. Que una palabra es suficiente para que la imagen cambie, y por tanto las referentes. Puede parecer que aún estamos lejos de conseguir eso que plantea el feminismo, pero yo creo que ya lo estamos consiguiendo. Es decir, en un mundo dominado por el deseo masculino, en el que una escena tan independiente y liberal como montar en bicicleta, se cosifique hasta rozar el porno convencional en una búsqueda cualquiera de internet; que añadir la palabra feminismo cambie radicalmente la búsqueda, es un paso. Y es un paso muy grande. El feminismo actúa como escudo protector de las mujeres ante el patriarcado. Es más, basta que un espacio reciba la etiqueta de “feminista” para que se asocie a una serie de valores que no predominan en la sociedad. Aunque quisiésemos cambiar el mundo, el caso es que la realidad es otra, y que vivimos en un mundo desigual por razones de género, es un hecho. Pero que el feminismo ya ocupa un papel importante, que permite a las mujeres ser ciclistas, maestras, doctoras, sin que el calificativo “sexy” las persiga, también es un hecho. De alguna manera, el feminismo nos permite ser, sin ser para los demás; sino sólo desde y para nosotras mismas. Es más, diría que el feminismo nos permite permitirnos. Es decir, nos permitimos ser, nos permitimos desarrollarnos y crecer en ámbitos a los que no habríamos llegado por los mandatos sociales. Se nos permite; nos permitimos votar.

Montar en bicicleta puede ser una actividad sexual y sensual, para toda/os. Es una práctica que ejercita el cuerpo, aumenta la autoestima y proporciona libertad. Puede ser muy excitante terminar el paseo en bicicleta con un revolcón bajo la sombra de un árbol. La sexualidad nos acompaña a lo largo de nuestras actividades diarias, y resulta muy sano fomentar la erótica en actividades que mejoran nuestra salud. Pero es muy diferente desarrollar una sexualidad plena, autosuficiente y propia; a adecuarse a los cánones de belleza, sexualidad y erótica que se nos imponen. Patrones que, en su mayoría, responden a un deseo hetero-masculino. Aparecer como sujetos activos dueñas de nuestro placer, de nuestro cuerpo, y de la erótica que podemos desprender al montar en bicicleta, es feminista. Además, el deseo y la erótica surge de todos los cuerpos, y es importante romper el estereotipo hombre-activo-deseante// mujer-pasiva-deseada. El deseo de los cuerpos, la erótica del ejercicio físico, el sudor del cuerpo, los glúteos al pedalear, el aire removiendo el cabello, los músculos tensos, la velocidad… ese erotismo, no tiene género.

Por eso, quizá el objetivo se centre en extender el término; en derramar ese escudo hacía más y más personas a lo largo y ancho del planeta. ¿Qué ocurre si los filtros de búsqueda contienen la palabra feminismo? Seguramente que todas, independientemente de que nos consideremos o no feministas, nos sentiríamos más cómodas con la imagen que nos muestra la sociedad de otras mujeres. Mujeres que trabajan y llegan a tener grandes aspiraciones, mujeres activas, sujetos propios, libres, con capacidad de decisión; y no complementos objeto.

Creo que en esto último, coincidimos todas, por lo que, en tu próxima búsqueda de internet, introduce el término “feminismo”.

 

 

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