Madrid te echo de menos

Sí, se que el contrato decía que cada viernes habría una nueva entrada sobre el proyecto #TravelAlone. La tengo, prometo que la tengo. Pero hoy, lo que me apetece compartir es esto.

Hace dos días que fue 8 de Marzo, y aún me resiento. Madrid, te echo de menos. El día fue especial porque pude ver cómo mis compañeras gritaban, saltaban, tocaban y salían a la calle todas juntas reivindicando un fenómeno que parece ya imparable. He leído todos los post, he visto todas las fotos, los mejores carteles del día, las mejores frases, las performances más ingeniosas.

Y nada.

Nada de eso me hace sentir mejor. Hoy,  echo de menos Madrid más que nunca. No sé, puede parecer extraño que eche de menos mi ciudad un día por un motivo político. Pero lo personal es político ahora más que nunca. Aquí no hubo ningún acto, ninguna manifestación, ninguna performance ni ningún cartel que anunciase el día que estaba por venir.

Fue como si ese día fuese uno más, un efímero momento sin nada que recordar ni reivindicar que se elevase por encima del resto. Todos los escaparates están llenos de anuncios por el día de la madre -supongo que aquí será antes-, pero ninguno anunciaba nada especial por el Día de las Mujeres luchadoras. No sé, a lo mejor es que en mi ideario se contemplaba la fantasía de la herencia mundana de las sufragistas inglesas, esas mujeres que lucharon con desgarro contra el sistema, contra sus maridos y contra todo lo establecido. No puedo negar que me había hecho ilusiones acerca de ello. Y en cambio, no había nada.

Mi Madrid latía de fuerza, se inundaba de voces feministas gritando juntas, bailando, haciendo retumbar la calle con el sonido de los tambores que otros años yo misma toqué y yo, aquí, mirando desde la distancia y triste. Triste porque no me encuentro allí. Es la primera vez que escribo sobre esto; y no me siento mal, ni mucho menos. Las aventuras de la vida se cogen con sus partes buenas, y sus partes malas. De todo se hace balance y de todo, por supuesto, se aprende. No me entristezco por ello.

Al contrario, me enorgullezco. De pertenecer a donde pertenezco y de haber crecido donde lo he hecho. Porque, de no ser así, hoy quizá no lucharía por lo que lo hago, ni hubiera llegado a donde llego, personal y emocionalmente. Ingenuo quien crea que buscaría otro desarrollo que no fuese ese.

Y hoy, lejos de sentirme triste, me siento feliz porque, de los caminos que he seguido, he conectado y aprendido con mujeres y hombres que provienen de donde yo vengo, que siguen el mismo camino. Grecia estaba llena de voluntarias y voluntarios españoles. Es algo en lo que he pensado mucho. Muy mal no lo debemos hacer, al menos en construir personas. Lamentablemente no toda España se alza contra el estado, ni defiende las injusticias, ni rompería muros ni barreras, ni grita con fuerza que abran las fronteras, fulminen el terrorismo machista o escuchen nuestras voces. Si no no habría la peste que tenemos hoy en el gobierno. Pero hay una parte muy importante que sí lo hace, y esa, es la que me hace sentir feliz de ello. Es capacidad de alzarse y luchar. Las hijas de la República, las descendientes de aquellas que defendieron Madrid con uñas y dientes, que defendieron su dignidad y se alzaron ante el opresor. Soy muy mística, pero literal y metafóricamente, hoy me siento nieta de sus huellas.

El día fue bonito porque cinco minutos después de salir de casa, recibí un regalo. Estaba tirado en el suelo, sucio y harapiento. Pera era un lazo. Tres tiras de raso y redecilla con tres colores atadas con un pequeño nudo en la punta: verde, blanco y morado. Los colores sufragistas. No volví a verlo más en todo el día, nadie llevaba ninguna insignia, lazos, pins ni carteles. Pero a mí ese pequeño gesto me hizo especial aquel día. Tanto, que escribí un relato sobre mi querida Madrid, sus bicis, y un lazo morado feminista.

Madrid, te echo de menos. En realidad, echo de menos Barcelona, Zaragoza, o incluso, Argentina, donde nunca he estado. Echo de menos esa movilización, cantar a grito pelado consignas en mi lengua natal, chillarle al mundo qué es lo que queremos y demostrar que lo conseguiremos. Haber estado cerca de las mujeres de Velaluz.

Pero no pasa nada; porque este domingo tenemos asamblea de Marea Granate, y seguiremos reivindicando desde donde estemos.

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