De tu recuerdo

Nos dábamos la mano a veces, al caminar por la calle.

Bromeábamos porque la gente pensaría que éramos novias.

Pero nosotras éramos algo más que eso.

El tiempo pasaba despacio entre las sonrisas descaradas, las carcajadas sonoras, los vientos que viraban en el parque cuando aún ni siquiera sabíamos qué nos depararía la vida.

Me encontré a tu lado como me encuentro en los sueños: no porque no fuese importante, sino porque no recuerdo cómo llegaste a mi lado. Pareciera que de repente, estuvieras. Como si siempre hubieses estado ahí, pero sin tenerte presente. Como si no hubiera forma de recordar tu llegada porque siempre habías estado al lado. Así que no recuerdo el primer día, la primera sonrisa, ni siquiera aquella primera tarde en que salimos juntas. Que la hubo, seguro. Tú simplemente habías llegado a mi vida, y eso, como en los sueños, es lo que importaba.

Nos encontramos juntas, separadas del grupo y con aquellas tardes de risas, noches de fiesta y largos paseos de conversaciones remendadas. El tiempo se paraba y el lugar, en realidad, poco importaba. Caminábamos largas horas por Cervantes, por callejuelas sin nombre o con placas ya gastadas. Caminábamos, sin rumbo, solo por el mero placer de caminar a tu lado. Hablábamos de cualquier cosa, de lo que fuese, y sin embargo, hablábamos. Pocas veces guardábamos silencio porque siempre, en cualquiera que fuera nuestro estado, nos estábamos diciendo algo.

Vivimos noches de alegría, noches de borrachera ajena, propia e incluso noches de tristeza infinita. Vivimos tantas noches, que ahora parecen desvanecerse en un mejunje de recuerdos indefinidos por la memoria.

Vivimos y crecimos, y cuando lo hicimos, esos huequitos de nuestros corazones que se llenaban de ilusiones y decisiones, se fueron bifurcando. Se hicieron diferentes sin una manera humana de pararlo. Lo intentamos, quisimos remendarlo. Pero quizá el tiempo, las ideas, las idas y venidas y las luchas que cada una mantenía consigo nos impidieron mantenernos juntas.

Y hoy, sin saber porqué ni tener un motivo, me he acordado de aquella sensación. De darte la mano al andar, de agarrarte el brazo como si perderte fuera lo último que quisiera en este injusto mundo. De mirarte y sonreír y desear no separarme. De añorar verte, y de hablar, a tu lado, del tiempo, del momento. De los vívidos recuerdos de esas tardes de paseos infinitos. De bancos llenos de confidencias y de meriendas, sentadas al borde de los escalones del convento más perdido de la ciudad. Ese micromundo, ese pequeño espacio creado entre nosotras.

De eso, me he acordado hoy.

De tu recuerdo.

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