Y tu voz hizo el silencio.

Me miras.

Te miro.

Sumiéndome en la profunda melancolía del presente. El tiempo, parece, estar ausente.

Resuena el murmullo del silencio más solemne. Se cierra, la ventana, la brisa y hasta el alma, con tal de no escuchar ese sonido sin luz, sin oscuridad, sin una gota de vida.

Ausencia austera aumentada entre los párrafos de tus letras, los susurros de mi voz, los suspiros que se ensartan, uno tras del otro, como cuentas de abalorios.

El sabor amargo de una gota salada que resbala por mi mejilla. Recorriendo un camino nunca antes transitado, un dolor ahogado de los miles de esfuerzos, a tu lado.

Una mirada que no fue. Una pródiga tormenta de aluviones secos, intentos fallidos, tristeza en tarros de cristal. Un anhelo rompido, en duda, en olvido.

Las maneras de tus formas, las formas de mis maneras, lo que dije, no dijiste. Lo que digo, que más da. Da lo mismo y lo  mismo nos da la amarga conciencia del ahora. Ni vale, ni encuentra, ni lamenta. Sólo huye del momento porque sus gotas se enfrascan sin retorno en la tormenta.

La luz tintinea en la ventana, vislumbra el verdor en el suelo que refleja la luz dorada del atardecer bañado por el paso de la misma a través de sus hojas. Un pétalo de flor amarilla se tambalea ante la ausencia del viento. El narciso elegante se pavonea como si pudiera observar la dureza del momento.

Si se rompe sería una más; pero roto no valdría nada. Se embrolla laberíntico entre el amparo de los días y el paso de las horas. Me recuerda que el tiempo que tuvimos no vendrá, que no volverá la solemne pausa, el olvido fugaz, la momentánea ceguera. No volverá la paz. Al menos, no de aquella manera.

Me inunda la duda, la tristeza, la rabia. Me inunda el desconsuelo de la dureza de los pasos que voy dando. Me ahoga la asfixia que mis cuerdas vocales se autoimponen como suicidio colectivo. Recuerda la catástrofe, el parón, el duelo. La luz incesante apagándose. El miedo.

No huyo porque me niego, no me lo perdonaría pero me tiento, su voz, su risa, su pelo. Sus gestos de dulzura, su anhelo, su misterio. Sus legañas en la mañana y el ramo amarillento.

La voz que me calla por momentos, el aliento que me despierta de mi sueño.

Las diferentes formas de la forma del tormento.

El desasosiego, el tiempo, el bohemio.

La caricia de tu piel sobre mi pelo.

Mi bello.

Y tu voz, hizo el silencio.

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