Voluntariado en Grecia: La decisión de viajar a Grecia – Parte I –

Hace unos meses, me atreví con una de las experiencias más bonitas que he vivido. Mi viaje comenzó de repente, como esas cosas que empiezan sin pensarlo demasiado. Ocurrió en un momento de bloqueo laboral y emocional. De repente pensé que, precaria, sin un empleo que me aportase ningún tipo de incentivo, en un país que temporalmente no me aportaba, la solución estaba en salir. En viajar. Había un destino que tenía marcado como prioritario.

La situación de desempleo, la sobre-cualificación de los jóvenes en paro… pensé que mi vida daría un vuelco a mejor en un lugar en el que me sintiese útil. Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea. Finalmente, decidí ponerme fecha y comenzar a prepararlo. Era un tema con el que no podía quedarme quieta, sentirme ajena: quería estar allí y vivirlo de cerca. Al fin y al cabo, me atañe como persona.

Pensé que, si en algún momento de mi vida debía salir de mi casa con lo puesto porque una guerra injusta asolase mi país, querría que alguien me tendiese una manta, y una mano. No sé cómo explicarlo, pero supongo que tiene que ver con la importancia que los pequeños detalles tienen en nuestra vida, y que a veces alcanza límites estratosféricos. Quería ser parte de ese gesto que fuese importante para alguien.

No sabía a lo que me exponía. No sabía cómo, ni por dónde empezar. Lo único que tenía claro es que quería hacerlo. 

La primera vez que alguien me dijo que se iba a Lesbos, ni siquiera sabía dónde se encontraba la isla. Reconozco que me sentí algo pequeña, como si ese lugar no estuviera escrito para mí en los mapas. Pero a la vez, esa chispa de aventura por lo desconocido surgió en mi, el reto de imaginar algo que me parece tan lejano me motiva hasta límites insospechados. Bueno, meses después yo misma estaba poniendo rumba en esa misma dirección.

Antes de partir, decidí esperar el momento idóneo. Creo firmemente que no puedo ayudar a nadie si yo misma necesito ayuda, menos en una situación de crisis humanitaria. Busqué un momento de equilibrio, unos pequeños ahorros para subsistir y la compañía de personas que quería tener a mi lado. Hoy sé que un voluntariado acompañada de personas a las que quiero me resulta una experiencia más liviana emocionalmente que otras experiencias en las que he estado sola. Allí la compañía no faltaba, y pude rodearme de personas preciosas con las que compartir camino.

Comencé a leer, a buscar información, rastrear en la web, escribir a contactos. Hubo días en los que parecía una centralita telefónica. Me puse en contacto con decenas de voluntarias y voluntarios que habías estado allí, aún estaban o irían próximamente. Cada unx me contaba su historia, su experiencia, su proyecto y sus sentimientos. Historias fascinantes que coincidían en una misma recomendación:

"Hazlo, no te vas a arrepentir de hacerlo. 
Para mí ha sido maravilloso". 

Encontré páginas webs, blogs de amigos y desconocidos, experiencias relatadas y un sin fin de fuentes de información. -Prometo hacer una entrada con las cosas que recopilé-.

Y, sin embargo, sentí muchas veces que nada de eso había servido. La verdad es que, cuando llegamos, teníamos contactos, lugares a los que ir, actividades… pero había días en los que nos quedábamos tiradas, días en los que tuvimos que buscar recursos hasta las tantas de la madrugada, proyectos, e incluso casa donde dormir por una noche. Lo que quiero decir es que a pesar de prepararlo, muchas veces tuvimos que hacer frente a los contratiempos como si fuésemos de cero.

Bueno, nosotras éramos voluntarias independientes, por lo que no contábamos con el respaldo de una gran organización que nos cubriese las espaldas. Desde lo que vi, pude comprobar directamente y a través de compañera/os, que el voluntariado independiente es la mejor manera para concebir la realidad que ocurre en Grecia y poder establecer una postura crítica ante la situación. Sin las influencias de ONGs, asociaciones o fuentes del gobierno.

Y allí nos adentramos. Vivimos una experiencia maravillosa, con momentos de emoción a flor de piel y también -porque los hubo- de bajones extremos. Nuestro viaje no tenía fecha de vuelta, y era realmente bonito poder contestar:

– ¿Hasta cuándo estáis?

-No tenemos fecha de vuelta.

Porque la libertad que nos permitía aquello era disfrutar de cada sitio, proyecto o personas sin una fecha de caducidad.

Un día, tras una de las experiencias más intensas del viaje, decidimos parar. Llevábamos meses dando un esfuerzo diario con límites difusos. Paramos en el momento que sentimos, y así nos sentimos bien con ello.

Durante nuestra estancia en Grecia, servimos de enlace con muchas personas que, al igual que yo, querían informarse acerca de las opciones que podían encontrarse allí. Aún a día de hoy, hay personas que aún me escriben para preguntarme. Por todo lo que yo recibí, lo que me ayudó recibirlo, y la falta de recursos iniciales, escribiré una serie de post que recomendé a amigos y gente que me escribió durante mi estancia allí. Deseo que puedan serviros o, sino, al menos, ayudaros a comprender más de cerca la realidad que se vive en Grecia y la crisis migratoria.

¡Compartir es gratis! Y así podrá llegarle a mucha más gente que quizá esté dudosa sobre enfrascarse en una aventura parecida 🙂

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