Lo que de verdad importa

A veces las cosas ni siquiera se planean. Sólo salen, se van conjugando en un mar de incertidumbres y terminan tomando forma como si siempre hubieran estado planeadas.

Soy de las que piensan que las cosas terminan saliendo, de uno u otro modo, como las necesitamos. Porque incluso aquello que parece desquiciarnos, y mostrarnos la peor parte de nosotras, participa en su medida de nuestro aprendizaje. Porque siempre que te descubres enfrentando una nueva batalla, estás aprendiendo. A conocerte, a desmontarte y recomponerte con todas tus herramientas.

No, no se trata de dejar al destino que decida por si mismo. Si algo he aprendido es que tomar decisiones nos lleva a controlar nuestra vida, a tomar las riendas y poder actuar acorde a nuestras necesidades. Quizá me refiero más bien a otra cosa.

Que planear está bien, pero de nada sirve perderse planeando. Y quizá la constancia, el trabajo diario y la fuerza para hacer, vale más que mil hojas de un proyecto escrito y requete-preparado.

Y es que las mayores aventuras han venido guiadas por la decisión de llevarlas a cabo. No de su preparación, o de la ilusión de querer emprender un proyecto. Si no de la acción de lanzarse a la piscina, ponerse un manguito de duda y otro de esperanza, e intentar llegar a la otra orilla tal y como imaginaba que lo haría.

Cuando he empezado a escribir este post, no tenía gran idea de lo que escribiría. Hoy no. No hay un tema preparado, ni una cuestión en torno a la que escribir. Tampoco tiene tanta importancia, pues lo que quiero expresar tampoco necesita demasiadas florituras.

Y es que en esto, el único consejo que puedo darme a mí misma es hacerlo. La vida da muchas vueltas y nos pasamos demasiado tiempo intentando organizar lo que queremos que sea en el momento adecuado. Quiero decir, ¿qué más da? Si al final lo único que nos sirve, de verdad, es tomar las decisiones, sea o no en el momento adecuado. Aunque parezca que el momento ha pasado, y aunque esa vocecita de duda nos inste a dejarlo pasar: tomar una decisión propia siempre nos hará más libres. Porque el momento adecuado, el de verdad, es ese que solo tú decides escoger.

No importa que sea viajar, empezar un proyecto o decidir pasar de esa fiesta para tomar un baño calentito y ver Amelie en bucle. ¿Qué más da? Quiero decir, darte la prioridad de hacerte protagonista de tu propia vida, darte la oportunidad de expresarte y dejar salir todo el potencial que tienes, al final, es lo importante. Y si el resto no lo entiende, quizá es que necesita tomar sus propias decisiones. Relativizar suele ayudar en estos casos.

Al final, lo importante, es que lo hagas. Que creas en ti, que te des la oportunidad de expresarlo.

Eso ya es una decisión, y seguro te hace más libre.

 

 

Proyectos borboteando en el caldero.

14 de Julio de 2017

 

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